ENTREVISTA CON JORGE YUTRONIC: «CHILE VA A SER UN PAÍS DESARROLLADO»

No tiene dudas sobre eso y lo plantea calmada pero categóricamente. Y es que Yutronic lleva años dándole duro al tema de la innovación. Ingeniero Civil Electricista de la Universidad de Chile, fue gerente en Sonda durante mucho tiempo. Estuvo en CONICYT, donde fue el Director Ejecutivo del Fondo para el Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDEF). Ha creado empresas tecnológicas como Kyber y Movilmaster. Desde hace cuatro meses es el nuevo Rector de la Universidad de las Américas. Siempre se ha mantenido activo como consultor internacional en el ámbito de la innovación y desde 2006 asociado a IGT. Desde allí nos habla para referirse a cómo debe prepararse Chile para su entrada al mundo del desarrollo, qué nos falta y qué nos sobra. Y también de su teoría del «ascenso» de la humanidad, cuyo motor sería, justamente, la innovación.

Vamos a lo primero. En su calidad de consultor internacional, ¿podría decirnos cuál es la real situación de Chile en el tema de la innovación? Porque el gobierno habla mucho al respecto, que se supone será nuestra palanca al desarrollo, que las platas del royalty, que esto y lo otro, pero, la verdad, ¿cómo estamos?

Mire, yo afirmo que Chile está en una etapa de «apresto», es decir, de preparación. Esta etapa comenzó a mediados de los ochenta y creo que se extenderá hasta unos pocos años después del 2010, cuando logremos hacer suficientes desarrollos innovadores que hagan posible un desencadenamiento de transformaciones relevantes del país.
Los chilenos estamos siendo capaces de echar mano de las capacidades de gestión de nuestro país, hemos hecho algunas transformaciones estructurales y hemos logrado alinear bastante las decisiones públicas y privadas en materia de crecimiento, aunque no todavía en los planos de distribución y equidad. Con las reformas que se hicieron a fines de los ochenta y en los noventa en el tema empresarial, institucional y de gobierno, más todos los avances posteriores, se está produciendo una especie de caldo de cultivo para que los chilenos se atrevan a hacer cosas nuevas y a innovar más. Eso ha dado lugar a varios buenos resultados y hoy día vemos una dinámica de creación de valor y de desarrollo de riqueza a nivel país.
O sea, de que en Chile hemos innovado, no cabe ninguna duda. Los casos del retail, de la acuicultura, de la minería, la exportación de frutas, la industria forestal, la infraestructura, las telecomunicaciones, por señalar algunos, así lo demuestran. En diversas partes vamos a encontrar algún registro de innovación. Sin embargo todo eso no es suficiente; es apenas un pálido reflejo de lo que el país necesita.

¿Por qué tan pálido?

Porque nos falta ser mucho más audaces, tomar decisiones de emprendimientos innovadores de mayor escala. Aún no hacemos cosas de estatura mundial en el ámbito de la innovación. Tenemos innovaciones a pequeña y mediana escala, las llamadas innovaciones marginales o incrementales. Pero rara vez hacemos lo que se llama una «apuesta por un quiebre», algo que sea muy distinto. Eso tiene que ver con la personalidad de nuestro pueblo que es más bien conservador, con un cierto temor al fracaso (lo cual es común a la mayoría de los pueblos); entonces, pocos en su sano juicio se arriesgan con propósitos realmente audaces. Sobre todo a nivel de las personas más calificadas y experimentadas que ya tienen éxito: un gerente de una empresa, por ejemplo, que lo hace razonablemente bien, no estará fácilmente dispuesto a hacer un cambio radical, ante los ojos de sus pares. Chile necesita más esfuerzo innovador, y puede más.

Pero si es así entonces estamos liquidados, porque si no podemos dar ese salto, ese quiebre que usted dice, no podremos entrar de lleno al mundo del desarrollo como queremos.

Con saltos incrementales nos acercamos cada vez más al borde de la brecha que nos separa del cambio radical. Este pueblo está madurando. El chileno ya no se conforma con tener un empleo de por vida, hay más afán de superación. Las personas saben que las empresas no le aseguran trabajo a nadie. Hasta el gerente de la más estable compañía sabe que en unos años más ésta puede no necesitarlo, ya sea porque hubo una fusión o por la eliminación de una línea de productos. Eso el chileno lo capta y por eso está atento a las oportunidades. Por otra parte, al irnos conectando al mundo ya no somos aquella sociedad insularista del siglo XX: el chileno viaja más, ve más TV internacional, usa internet, conoce otros pueblos y eso ha influido en que hoy hay un chileno más proactivo a nivel global. O sea, estamos en la lógica de hacernos cargo de nosotros mismos y esa lógica es la precursora de la innovación a mayor escala.

Retos y desafíos de nuestra entrada al desarrollo

Entonces usted cree que vamos a ser capaces de duplicar el ingreso per cápita de aquí al 2020 y transformarnos así en un país desarrollado. ¿Cree que eso es posible?

Pero de todas maneras! Estamos a 13 años de distancia y si logramos mantenernos a un ritmo de crecimiento anual del 6% al 7%, la tasa compuesta da 100%, o sea duplica. Chile es un país que va a ser desarrollado, yo ni siquiera lo planteo en términos de que pueda serlo o no, sino que afirmo que lo va a ser. Eso es para mí una convicción y no sólo en la perspectiva económica sino que también social. Por eso la pregunta yo creo es otra, no si Chile va a ser o no un país desarrollado, sino cuáles son los desafíos y tareas para poder asumirlo.

¿Y cuáles son esos desafíos y tareas?

El ser más audaces y aprender a trabajar en equipos de alto desempeño. Si podemos superar eso estamos al otro lado, todo lo demás es relevante pero secundario respecto a estos dos aspectos prioritarios. Los chilenos, con un poco más de audacia, nos vamos a atrever a que aquellas innovaciones marginales que hacemos sean más profundas y de mayor alcance y también a intentar innovaciones radicales.

¿Pero no se dice que la capacidad creativa es lo que más cuenta a la hora de innovar? qué hay de cierto en eso?

Sí, pero la innovación no solo apela a la capacidad creativa de la gente, sino que apela también a muchos otros factores que son tan importantes como ella. Por ejemplo, como le decía, a la capacidad de trabajar en equipo de alto desempeño. Porque la innovación es un fenómeno social que ocurre en redes humanas, es más que un acto individual. Por muy inteligente o talentosa que sea una persona, es muy difícil que sola pueda hacer un gran cambio. Los «llaneros solitarios» ya no aseguran un cambio efectivo.

¿Y cuál sería alguno de esos otros factores relevantes pero secundarios según usted?

La tolerancia al fracaso. Ese es otro factor muy importante. Porque cuando se innova raramente se obtienen triunfos a la primera. Lo más probable es que en un primer intento haya fracasos, y esos fracasos deben vivirse como una experiencia de aprendizaje porque son claves para entender dónde está el fallo y cuál es el cambio que hay que hacer. Yo digo que la tolerancia al fracaso, la capacidad de trabajar en equipo y la audacia son los ingredientes claves para saber crear valor relevante en la sociedad que emerge en Chile.

Innovar o morir

¿Qué pasa si una empresa no innova?

Esa es una muy buena pregunta. Lo que pasa con el que no innova es que con el tiempo pierde su inserción en los mercados, esto es, pierde la capacidad de vender sus productos y servicios. Los clientes siempre van levantando sus exigencias sobre los productos y servicios que requerimos. Basta con que otra empresa, en alguna parte del mundo, ofrezca un producto de mejor calidad, para que los demás proveedores queden desafiados de perder competitividad en sus mercados. Si no nos modernizamos y ponemos a la altura de las circunstancias, ese otro vendrá a copar el espacio. Ese es un fenómeno, por decirlo «darwiniano», o nos adaptamos para sobrevivir o morimos. Por eso, aunque alguien crea hacer bien su trabajo, tarde o temprano, si no innova, perderá.

Innovar o morir es la consigna entonces.

Sí, exactamente.

Y ahora dígame, qué piensa de aquellos sectores antiglobalización que plantean que la innovación es la creatividad al servicio de la sociedad de consumo, que la idea es inventar cada vez más y más productos para que la gente consuma y las empresas ganen, lo que a las finales resulta antiecológico y depredatorio de los recursos.

Eso es una tautología porque la innovación está concebida para que ocurra el consumo. Pero esa es la gracia de la innovación, que es un acto que el otro determina. Todo acto innovador se transforma en más consumo porque las innovaciones se hacen pensando en las necesidades latentes de los seres humanos. Desde esa perspectiva, es verdad tal afirmación en el sentido que las innovaciones producen consumo y ganancias; pero, también otros productos caen en desuso y pueden generar pérdidas. Hay que pensar primero en quiénes son los clientes y los usuarios, a quiénes les facilitará la vida lo que haga quienes innovan. Ahora bien, el consumo no es solo de cosas físicas, sino también de cosas intangibles, de todo lo que el ser humano crea, sean ideas, obras de arte, formas de vida. En ese sentido ni la innovación ni el consumo tienen por qué ser actos depredatorios del medio ambiente. Le pongo como ejemplo el caso Starbucks, cuyas innovaciones no son sólo en torno al producto café, sino tienen que ver con experiencias de vida; estar tranquilo como en casa, conversar, estar en una atmósfera diferente, un espacio nuevo. Ahí hay un acto innovador donde el eje es el café, pero con una serie de valores agregados de carácter inmaterial. El acto innovador apela a cualquier manera diferente de hacer las cosas, que sea percibida con más valor por alguien que esté dispuesto a adoptarlo.
Ahora bien, los planteamientos anti globalizaciones son también innovadores, aunque parezca paradojal. Esto es frecuente en los procesos innovadores, en los cuales se producen tensiones entre diferentes actores con sus propuestas.

Vamos ahora a la labor del consultor en innovación, qué significa eso, en què consiste ese trabajo concretamente.

El consultor es como el médico cuyo paciente es una empresa o institución. Sobre él pesa la responsabilidad, por ejemplo, de diagnosticar cuáles son los factores que inhiben la innovación, para luego dar las indicaciones de cómo resolver el problema o la «enfermedad». Y para ello no valen los lugares comunes, todo debe ser preciso. Un médico no puede hablar en la consulta sobre medicina en general; debe ser capaz de referirse al problema específico por el que se le está consultando. La clave para ello, en el caso de la innovación, es la capacidad de comprensión y análisis de los contextos y circunstancias singulares que rodean a determinada industria o empresa u organización. Intelectualmente se puede discutir mucho, como lo hemos hecho aquí, pero llegada la labor de consultoría, estamos hablando de otra cosa muy diferente, donde la precisión y la creación de espacios de certidumbre frente al cambio son los valores fundamentales.

Pero me imagino que una empresa decide contratar a un consultor cuando ya tiene tomada la decisión de innovar, no creo que parta de cero, más bien se me ocurre lo que quiere es contrastar su idea con un interlocutor válido.

Sí, muchas veces ocurre así como usted dice, pero también el consultor hace que sus clientes miren el mundo de manera más amplia, porque la innovación apela también a esa capacidad de poder mirar en 360 grados, arriba y abajo, delante y atrás, porque las oportunidades no necesariamente están al lado de uno. Por ponerle un ejemplo: un especialista puede hacerle ver a una empresa que está ubicada en la octava región, que puede tener su nicho de oportunidad en Antofagasta o en Santa Cruz de la Sierra o en Nueva York. Y hay métodos para lograr eso.

O sea el consultor en innovación le hace ver a su cliente las oportunidades que tiene en relación a sus circunstancias. ¿No es eso ser un consultor en nuevos negocios propiamente?

La innovación abre nuevos negocios, ya sea llevando nuevos productos y servicios a los mercados existentes o abriendo nuevos mercados. Puede hacerse también consultoría e innovación a un gobierno de un país, por ejemplo, cosa que ya me ha tocado hacer varias veces, o a organizaciones. No sólo se trata de nuevos negocios. La innovación tiene muchos ámbitos. En realidad la innovación es una conducta inherente al ser humano, que se relaciona con todos los espacios de creación en que hay disposición de terceros a usar los resultados.
Lo que sucede es que a medida que las sociedades avanzan, van teniendo cada vez necesidades más complejas, requerimientos más exigentes, en particular de calidad. El innovador es el que nos hace ir avanzando, creciendo, dando pasos más allá de la frontera existente. Pero es un avance con eventuales retrocesos, es cosa de ver la historia de la humanidad. Por eso yo prefiero hablar de «el ascenso humano», antes que de progreso o evolución, porque esos son respectivamente términos más lineales o biológicos. No hay todavía una palabra suficientemente rigurosa para explicar lo que está sucediendo con la humanidad actualmente, en que vamos hacia algo mejor, pero a borbotones, con errores en el camino. Respecto a Chile en particular, para responderle derechamente su primera central, mi tesis es que estamos en una etapa de apresto respecto a la dinámica mundial que se está dando en el ámbito de la innovación.