Midamos el Indicador Correcto: Midamos “Intensidad de
Innovación“
Por Iván Vera, Gerente General
de IGT.
Como hemos comentado en conferencias, clases,
entrevistas y otros medios de comunicación, estamos apreciando cambios
muy interesantes y alentadores en las estrategias de innumerables empresas
nacionales y multinacionales que operan en Chile. La innovación está
emergiendo con fuerza en las prioridades de empresarios y gerentes.
La mayoría de las compañías a nivel local aún no cuentan con las estrategias
y habilidades para innovar en forma sistemática y eficaz. Sin embargo,
podemos estar seguros que esto ocurrirá. Las empresas líderes en Chile
dominarán la disciplina de la innovación. Hay que entender este fenómeno
como un proceso. Tomará algunos años, pero ocurrirá. De hecho, ¡ya empezó!
La globalización está provocando hipercompetencia
y una tremenda presión a la imitación, concentración y especialización
de empresas e incluso de economías regionales y nacionales. Las firmas
en competencia en una misma industria o segmento de mercado tienden
a copiarse mutuamente y a imitar a los líderes mundiales. De esta manera,
los modelos de negocio en una misma industria tienden a gemelizarse.
La propuesta de valor de las empresas en competencia se vuelve idéntica.
Lo estamos advirtiendo en el retail, en telefonía celular, en salud
privada, en seguros generales, en distribución de gas licuado, en procesamiento
de alimentos, y en compañías proveedoras de materiales para la construcción.
La oferta se ha estado concentrando en dos o tres empresas que compiten
fieramente hasta gemelizarse. Las empresas luchan incansablemente por
lograr la excelencia operacional, es decir altos estándares de calidad,
con niveles internacionales de productividad. Cuando se alcanza la excelencia,
y el cliente no advierte diferencia entre una u otra alternativa de
la oferta, se inicia la guerra de precios. Como consecuencia, ocurren
nefastas reducciones de márgenes de operaciones y de utilidades. Como
Chile ha trabajado por años para lograr una de las economías más libres
del planeta, el fenómeno de hipercompetencia se ha hecho presente en
nuestra actividad empresarial. Este fenómeno sólo se intensificará.
No retrocederá.
En condiciones de hipercompetencia y gemelización
las compañías tienden a crecer anualmente a tasas de un dígito, tanto
en facturación como en resultados. Entramos entonces en la zona de rendimientos
decrecientes. Aquella en que la inversión y el esfuerzo logran retornos
cada vez menores. En estas condiciones, la innovación juega un rol inevitable.
La excelencia operacional y la reducción de costos siguen siendo condición
necesaria, pero ya no suficiente. Para volver a crecer a doble dígito
en resultados es preciso volver a ser relevante y único para nuestros
clientes y consumidores. Ya no bastará con copiar a los líderes mundiales
para mejorar los negocios que hemos operado por años. Nuestra competencia
hará lo mismo. Ya somos gemelos. Nuestros negocios se habrán comoditizado
y seguirán creciendo a la tasa de crecimiento vegetativo de la economía.
La salida al dilema que enfrentamos está en innovar.
Pero no confundamos innovar con investigar.
Investigar es transformar dinero en conocimiento. Innovar es transformar
conocimiento en dinero. Innovar es crear valor relevante y único para
nuestros clientes y consumidores. No nos confundamos. Innovar no es
crear tecnología. Innovar es crear valor. Sin duda, las nuevas tecnologías
nos habilitan para crear valor, pero la creación de la tecnología en
si misma no es la innovación. Sólo su aplicación en la creación de nuevos
productos, servicios y experiencias relevantes y únicas para clientes
y consumidores es la innovación.
Para progresar en la disciplina de la innovación,
no habrá entonces que focalizarse en investigar y desarrollar nuevas
tecnologías. Al menos por ahora. Hoy, más que nunca, existen nuevas
tecnologías disponibles en el mundo para crear valor para nuestros clientes.
Lo realmente importante no es medir la calidad o cantidad de tecnología
que desarrollamos, sino cuánto valor realmente creamos para nuestros
clientes. Sin duda, al progresar en la disciplina de la innovación nos
vamos encontrando con componentes de tecnología que no están disponibles
a nivel mundial. Sólo entonces cabe hacer - o subcontratar - investigación
y desarrollo de esa nueva tecnología que nos falta para determinada
innovación.
Debemos medir el valor creado. ¡Debemos
medir el retorno de la innovación! Definamos entonces un indicador que
mida lo correcto. En IGT estamos midiendo la “Intensidad de Innovación”,
entendida esta como el porcentaje del EBITDA que la compañía genera
en un determinado año y que proviene de modelos de negocio que ésta
ha lanzado en un período menor a una determinada cantidad de años, por
lo general, cinco años.
En Invertec, la intensidad de innovación
es 38%. En Hunter Douglas Chile es de 55%. En Siemens, a escala mundial,
este indicador alcanza un 75%. Esto quiere decir que el 75% del EBITDA
del 2006 de Siemens provino de propuestas de valor que la compañía creó
en forma posterior a enero de 2002.
En Chile, la mayoría de las compañías no
sabe siquiera cuál es su intensidad de innovación. No ha sido tema.
No existe el hábito de medirla. El discurso oficial y académico ha sido
“aumenten el gasto en investigación y desarrollo en las empresas”. Nuestra
propuesta apunta en otra dirección ¡Innovemos! Progresemos en la disciplina
de la innovación. Empecemos a medir. Pero midamos lo correcto, midamos
intensidad de innovación. De esta manera estaremos poniendo el énfasis
de gestión en el crecimiento de los resultados y no de los gastos. Con
certeza, esto nos conducirá a provocar la creación de nuevas tecnologías,
necesarias para innovar a escala mundial.
1 EBITDA,
earnings before interests, taxes, depreciation and amortization