Capital Humano para la Innovación

Columna desarrollada por Rosa Osorio, psicóloga y educadora. MBA, consultora especialista y encargada de Gestión de Talentos en IGT

¿Qué ocurre que resulta tan difícil contar con las competencias para innovar? ¿Por qué es tan difícil encontrar personas adecuadas para llevar adelante procesos de innovación? ¿Cómo se relaciona la innovación con la creatividad? ¿Es la creatividad un recurso escaso?

Cada vez es más común que las organizaciones se planteen la innovación como una prioridad estratégica. En nuestro medio, son pocas las que cuentan con estrategias definidas para llevarlas a cabo de manera exitosa, y contar con competencias para innovar de forma sistemática y eficaz se transforma en todo un desafío que, más temprano que tarde, termina golpeando la puerta del área de gestión de talentos.

La creatividad es el proceso psicológico que se encuentra en la base de la innovación. J.P. Guilford (1) plantea que la creatividad implica huir de lo obvio, lo seguro y lo previsible para producir algo que resulta novedoso. Demostró que la creatividad y la inteligencia son cualidades diferentes y que la creatividad no es el don de unos pocos escogidos, sino que es una propiedad compartida por todas personas en mayor o menor grado. Esto nos lleva a concebir la creatividad como una habilidad posible de desarrollar y entrenar en las personas.


El pensamiento divergente, que se basa en la actitud para construir un mundo diferente al que se nos ha dado, es el tipo de pensamiento predominante en las personas creativas.

 



Las personas creativas comparten ciertas características, dentro de las cuales se encuentran: Un alto grado de sensibilidad ante los problemas, sentido del humor, flexibilidad para liberarse de esquemas previos, fluidez del pensamiento, originalidad y capacidad para la elaboración (estructura que emplea una persona para construir y crear a partir de un tema determinado), inclinación a desafiar lo obvio y lo autoritario, entre otras.


Sin embargo, para que la creatividad se desarrolle y exprese, es importante comprender que ella requiere de ciertas condiciones ambientales. Lo esencial: Contar con un clima de libertad, tanto psicológica y simbólica como real, que dé la posibilidad de una expresión y expansión espontáneas. Si la creatividad no es un don de unos cuantos y se puede fomentar ¿cómo las organizaciones se transforman en facilitadoras de la creatividad?


Además de buena comida, servicio de lavandería, salones de descanso, los ingenieros de Google disponen de un 20% de su tiempo para dedicarse a los proyectos que se les ocurran y un 10% de libre disposición. Los trabajadores pueden ir a trabajar en shorts y polera, con mochila, llegar con el perro y dejarlo en una sala especialmente habilitada para ellos.

 


A estas alturas del partido, usted pensará que solo organizaciones como Google pueden darse este tipo de “lujos”. La buena noticia es que el desarrollo de ambientes que permitan la creatividad no resulta tan costoso. La implementación de pausas activas, el retraso de los juicios, el examinar los problemas desde múltiples puntos de vista, el plantear preguntas abiertas y escuchar con atención las preguntas de los demás, estimulando la generación de las mismas, y el fomentar la cooperación por sobre la competitividad, permiten estimular la creatividad en nuestras organizaciones. La resistencia al cambio, el miedo a lo desconocido y la inseguridad son algunos de los factores que impiden a muchos adultos ser creativos. Y la falta de creatividad limita la adopción de nuevos aprendizajes.


Optar por cambiar la tradicional capacitación de lápiz y papel por una capacitación de orden más experiencial para abordar temas como liderazgo, comunicación, trabajo en equipo y creación de culturas de alto desempeño permiten vivenciar estos y otros conceptos de gestión empresarial.

 

 


El desarrollo de dinámicas que canalicen el pensamiento creativo lentamente ha sido elaborado en nuestro país por distintas empresas y consultoras. Sacar a las personas de los parámetros y las rutinas de producción habituales y exponerlos a distintos esquemas participativos que fomenten el trabajo en equipo o el desarrollo de nuevas ideas creativas que desemboquen en modelos de negocios innovadores.

En esta lógica, un caso interesante es el de las papas fritas Lays. En un intento por resolver la problemática de que las papas fritas se rompían en los envases tradicionales, un ejecutivo de la empresa sacó a su equipo al patio de la compañía en pleno otoño, haciéndolos imaginarse cómo cruzarían un camino de hojas secas, sin romper ni una sola. Esta analogía permitió desarrollar los envases tubulares de plástico o cartón y el diseño de papas fritas que pueden ser ocupadas en un cóctel, debido a que su presentación es mucho más atractiva, generando así un nuevo nicho y momento de consumo del producto.

Mientras mayor sea el entrenamiento de habilidades individuales y colectivas en pos de la creatividad, más oportunidades tendrán las empresas de generar respuestas poco convencionales, pero altamente efectivas, a antiguos problemas o nuevas oportunidades y tendencias de los mercados. A su vez, es importante comprender que depende de cada empresa definir cuáles serán las condiciones y requerimientos que la llevarán a fomentar la creatividad y la innovación en sus procesos y actividades.

Si queremos posicionar a Chile como un país innovador y creador de valor relevante, debemos fomentar que profesores, estudiantes, empresarios, políticos, trabajadores y todos los estamentos de nuestra sociedad, se desenvuelvan, capaciten y vivan en ambientes creativos y catalizadores de ideas, emociones y estabilidad psicológica.

(1) “La creatividad: retrospectiva y prospectiva” (1981) ISBN 84-277-0398-8